VICTOR BELTRI

 

UNA LETRA DE DIFERENCIA

 


La situación en el país nos invitaría a pensar en que, por la lamentable errata de una letra, la asignatura de Civismo en las escuelas fue cambiada por una de Cinismo. Las leyes son burladas a la vista de todos, y todas las facciones (sí, porque eso son, facciones) tratan de interpretarlas a su favor, utilizando cualquier argumento. Sobre todo el derivado del estrecho margen en la elección presidencial del 2006.


Ante el berrinche monumental, histórico, del candidato perdedor, se comenzaron a tejer las más variadas conspiraciones que explicaran la derrota, cualquier cosa antes que admitir errores propios. Hablaron de la diferencia de 10 puntos en una encuesta misteriosa; invocaron ‘el algoritmo’; el fraude ‘a la antigüita’; la complicidad de sus propios representantes de casilla; los medios de comunicación e, incluso, trataron de exhibir unas cajas vacías que supuestamente contenían las pruebas del fraude. Todo era mentira. Y si acaso era verdad, no fueron capaces de probarlo. Estaban desesperados. Y nosotros estuvimos ahí, prácticamente al lado gracias a los medios de comunicación. Vimos cómo decían mentira tras mentira, pero les perdonamos todo, y les permitimos seguir en la ilegalidad.


También estuvimos ahí, viéndolos a los ojos, cuando tomaron por asalto el Congreso de la Unión y pusieron en entredicho la viabilidad democrática del país. Y después, cuando tomaron nuestras calles por el tiempo que quisieron, en campamentos que costaron millones de pesos, tanto para mantenerlos como por los perjuicios que ocasionaron. Y se los perdonamos todo, de nuevo.


Tienen tres años conspirando a la luz pública. Atentando contra la institución presidencial, con insultos y planes para derrocar al Presidente Calderón. Fernández Noroña, escondido detrás de un comodísimo fuero que confunde con patente de corso, dice a quien lo quiere oír que el espurio va a caer, el pelele ya se va. Muñoz Ledo pide paciencia, que el castillo de arena se derrumba. Como si el plan les estuviera resultando a la perfección. Como si no supieran que, si realmente tienen un plan al respecto éste es, en todo caso, un delito; como si no supieran que, si les resulta, perderemos todo lo que hemos construido en casi doscientos años.


Ahora se han sumado a las protestas relacionadas con la desaparición de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro. Una compañía mal administrada, víctima de un sindicato sin escrúpulos, que ha sometido a los usuarios a un crónico mal servicio y que, consciente de la importancia que tiene, ha utilizado su poder como moneda de cambio para obtener más beneficios y prebendas. El gobierno, en una maniobra tan aplaudida como discutible, decide negar la toma de nota y desaparecer la compañía, echando a la calle a decenas de miles de trabajadores. Después ofrece liquidaciones generosísimas, apostando a vencer al sindicato a fuerza de billetes y de la desesperación que causa el desempleo en tiempos de crisis.


Es difícil que López Obrador, en sus mayores fantasías, haya soñado con una oportunidad como esta: gente resentida, dispuesta a tomar las calles, desesperada, manipulable. Público para sus arengas; manos que se levanten cuando él lo ordene; voces que lo ovacionen ante cualquier ocurrencia.


Es, sin duda, un cóctel explosivo. El gran oportunista frente a la gran oportunidad, cuando su principal adversario, el Presidente Calderón, atraviesa un momento complicadísimo de crisis económica local e internacional; crisis tributaria; crisis energética; crisis de seguridad; crisis política. Todas las crisis imaginables, al mismo tiempo, para un Presidente que, si bien es cierto ha encontrado circunstancias difíciles, también lo es que no ha sabido tomar las decisiones correctas. Mientras tanto, los agoreros del estallido social se regodean anunciando una tragedia que ellos mismos están creando.


El Gobierno se ve rebasado por las circunstancias. La oposición perredista se ve rebasada por su rencor. La oposición priísta está rebasada por su ambición. ¿Será posible que, por un instante, los ciudadanos nos demos cuenta de lo que estamos presenciando? ¿Será posible que, por primera vez, dejemos de perdonarlos y les exijamos se comporten como estadistas?

 

11/11/2009

contacto@victorbeltri.com

 
 

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