VIDAS PARALELAS
Plutarco, historiador y ensayista griego, vivió en el siglo primero de nuestra era. Una de sus obras más destacadas, Vidas Paralelas, fue un auténtico ensayo sociológico, en el que a través de biografías escritas por pares, se puede apreciar la importancia del carácter en el momento de tomar decisiones. Cada par de biografías incluía un personaje griego y otro romano, para propiciar y facilitar las comparaciones.
Es difícil que Plutarco hubiera resistido la tentación de escribir uno de sus episodios ante los sucesos de nuestro México de los últimos años. De los últimos tres años.
La madrugada del 3 de Julio de 2006 encontraba a dos hombres que enfrentaban su destino. Uno, que no podía creer en su fortuna. Otro, que elevaba el puño al cielo.
El principal problema era la actitud a tomar frente al resultado de la elección.
Calderón sabía que tenía que defender el resultado hasta con los dientes. No podía permitirse perder ni un centímetro; el resultado había sido tan cerrado que su victoria podría verse comprometida. De igual manera, tenía que encontrar la manera de legitimarse con el resto del electorado: tras la campaña más agresiva en la historia de México, el resentimiento tenía que convertirse en unidad y reconocimiento. Defender el resultado, ganar no solo la elección sino la Presidencia. Vencer el resentimiento ciudadano y lograr la unidad del país. Lo antes posible. Problemas de corto plazo.
López Obrador, por su parte, pasaba el peor momento de su vida. Había tenido la elección en la bolsa. Con una estrategia cuidadosamente planeada, y una disciplina espartana, había construido una candidatura que él mismo pensaba indestructible. No podía entender el resultado. Pero conseguir la Presidencia, después de los resultados de la elección, iba a ser aún más difícil. Implicaría, primero, agotar los recursos legales. Después vendría el recurrir a los recursos sociales. Y mantenerse en la lucha hasta llegar, incluso si eso significaba trabajar, otra vez, en una candidatura, en este caso para el 2012. Preparar cuidadosamente la estrategia para una lucha que se antojaba larga y cansada. Problemas de largo plazo.
Por una coincidencia terrible, los dos tomaron decisiones equivocadas. No se sabrá si producto de la falta de análisis, de la interpretación errónea de la realidad, o de la incompetencia de sus asesores. No supieron distinguir entre la temporalidad de sus problemas, y las repercusiones de esas decisiones afectarán a toda una generación.
Ante un problema de corto plazo, defender el resultado de una elección y legitimarse en el poder, Calderón tomó una decisión de largo plazo, la guerra contra el narcotráfico. Las medidas tomadas no estaban alineadas con los objetivos, y estos no estaban alineados con los problemas a resolver. El resultado lo vemos ahora: el conflicto ha costado miles de vidas, sin tener una salida clara, ni resultados palpables. Las que tendrían que haber sido sus propuestas de largo plazo, que fueron sus promesas de campaña, quedaron en un segundo plano y solamente han sido atacadas de forma marginal. Un sexenio que lo que necesita no es un golpe de timón, sino un cambio de mapa.
López Obrador, ante su problema de largo plazo, agotar los recursos y prepararse para la próxima elección, tomó decisiones de corto plazo. Acusaciones a diestra y siniestra, incluyendo a su propia gente. Buscar influir en la opinión pública a base de dichos sin sustento que se fueron enredando cada vez más. El plantón de Reforma. La presidencia legítima. Las grandes manifestaciones. Los discursos llenos de odio. ¿El resultado? Una izquierda que cada vez es más débil, en un país en el que cada vez hay más pobreza. Qué ironía. La ciudadanía, hambrienta y vilipendiada, se siente más representada por la derecha, o por el partido que la tuvo sometida por más de setenta años. Si la oposición no comprende que su papel no es oponerse, sino ayudar a construir y enriquecer las propuestas del gobierno para que tengan un sentido social, veremos cómo el porcentaje de votación en 2012 será aún menor al de 2009.
Harían bien, uno y otro, en detenerse un momento y leer a los clásicos. Por ejemplo, lo que dice Plutarco en el punto II de su comparación entre Teseo y Rómulo, en el tomo primero de su obra:
Tuvieron uno y otro por naturaleza dotes políticas; pero ninguno de los dos guardó la índole de la autoridad regia, sino que se salieron de ella e hicieron mudanza: el uno hacia la democracia, y el otro hacia la tiranía, pecando igualmente por caminos opuestos; porque el que tiene autoridad lo primero que debe guardar es la autoridad misma que se le dio; e igualmente contribuye para esto el no quedarse corto que el no exceder de la que conviene; y el que cede en ella o tira a extenderla, ya no permanece o rey o emperador, sino que, degenerando en demagogo o en déspota, engendra en los súbditos menosprecio u odio; bien que lo primero parece que es exceso de equidad y humanidad, y lo segundo de amor propio y aspereza.
18/11/2009