VICTOR BELTRI

 

PRACTICAS MONOPOLICAS

 


A principios del 2006 los mexicanos compartimos la indignación y la vergüenza al escuchar palabras que nunca olvidaremos: el coscorrón; la mano que no tiembla, el no somos santos, las botellas bellísimas. La víctima, una reportera que había desentrañado una trama de pedofilia, corrupción y abusos que llegaba hasta las más altas esferas de la vida nacional. Vivimos con ella los procesos judiciales por difamación, y nos conmovimos al saber las condiciones en que fue tratada, su ingreso a prisión y los abusos que sufrió. El penoso asunto dio la vuelta al mundo, y la catapultó hacia una fama que muy probablemente nunca imaginó.


Lydia Cacho es, hoy en día, una feminista y activista reconocida a nivel mundial. Autora del libro Los Demonios del Edén, ha sido reconocida por su labor humanitaria; su defensa de los Derechos Humanos; su compromiso con la causa de las mujeres en el mundo; su valentía en el periodismo. Lyidia Cacho se ha convertido en una figura de referencia, en un fenómeno mediático. Y eso conlleva una gran responsabilidad.


Una responsabilidad que la Sra. Cacho parece desconocer. Ha hecho uso de su fama como si fuera una patente de corso, que le permite ir soltando declaraciones a diestra y siniestra, escalando en atrevimiento e imprudencia. La señora Cacho ejerce prácticas monopólicas, al creer que tiene el monopolio de la verdad.


La muestra más reciente. Y la más temeraria hasta el momento. En una conferencia de prensa organizada por su fundación, con sede en Madrid, declaró que en los tres años de gobierno de Felipe Calderón se han documentado más de 15,000 muertes, mismas que están siendo investigadas por especialistas para definir si se trata o no de un caso de limpieza social.


¿Estará consciente de lo que dijo? ¿Se dará cuenta de la gravedad e irresponsabilidad de sus palabras? Sinceramente espero que no. Sería preferible un desliz verbal, que quede como una desafortunada anécdota, a una declaración premeditada de innegable mala fe e intereses ocultos. Porque, ¿a quién benefician las afirmaciones de Lydia Cacho? Solamente a los enemigos del Presidente Calderón. Y, ¿quiénes son los enemigos del Presidente? Los enemigos del Estado Mexicano. El crimen organizado. Los grandes barones de la droga que se han visto afectados por la guerra sin cuartel emprendida por esta administración. ¿Algún otro enemigo? Idealmente, no. El Presidente, no solo éste sino cualquiera que sea el titular del Poder Ejecutivo, no puede tener enemigos dentro de la ley. Tendrá adversarios, o rivales, pero enemigos no. Un enemigo declarado del Presidente estaría necesariamente fuera de la ley.


En una democracia madura, éste sería el momento de que los diferentes actores políticos cerraran filas en torno al Estado, entendiendo que no se defienden colores partidistas sino instituciones Constitucionales; entendiendo que en la medida en que estas instituciones sean fuertes nuestra nación lo será; entendiendo que una lucha honesta que entable el Estado puede ser cuestionada a través de los cauces legales, parlamentarios o sociales correspondientes, pero nunca a través de una infamia como la que se ha sugerido.


Un error. Debe de haber sido un error. México, y el mundo, necesita gente como Lydia Cacho, la Lydia comprometida con los Derechos Humanos, decidida a llegar hasta las últimas consecuencias, la cárcel y la opresión, a cambio de proteger a los desfavorecidos. La enemiga de los pederastas. La que desvela las redes de corrupción entre empresarios y gobierno. No puede ser que esta valiente periodista y luchadora social se preste a un asunto tan sucio como vilipendiar gratuitamente a un gobierno. No puede ser que Lydia Cacho haga declaraciones sensacionalistas tan solo para allegarse de fondos y hacerse publicidad. No puede ser que Lydia Cacho haya perdido los estándares morales y éticos que le han permitido tener la reputación que tiene.


Insisto: debe de haber sido un error.

 

25/11/2009

contacto@victorbeltri.com

 
 

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